Thursday, April 26, 2007

Extraña desaparecio

Así es, la extraña uno abandonó esta disgresión y se ha marchado quién sabe dónde. Creo que este ejercicio se le fue volviendo amargo, lo que quiere decir que dio resultado y que está atrapada, porque solo hay una literatura posible y esa es la que molestra, golpea y remueve.
Un poco al estilo del rollo chino, ella se fue haciendo pelotas y de repente se confundió con los blogs que tenía hasta que se olvidó de las claves y perdió el contacto.
Extraña uno debe estar bastante cansada a estas alturas porque estrena casa nueva, con árbol de mango y todo. Ya tiene habitación propia, deshabitada aún, pero ya saben, es cuestión de empezar otra vez y reanudar las rutinas.
Hay viejas costumbres y malas costumbres. Las malas, según la extraña uno, jamás se pierden. Yo, como la extraña dos que ahora será la uno, le he dado la razón, irremediablemente
Mientras, se acaba el mes más cruel, llueve casi todos los días para despedir al mes de las aguas mil, y faltan pocos días para que las flores se apoderen de la ciudad al más puro estilo del realismo mágico, solo que andamos destemporizadas con estos recursos efímeros, pero trascendentes.
Extraña uno, sin querer se volvió adicta. Ahora se despierta a las tres de la mañana por un insomnio galopante, y ojo, no es que el maldito sin sueño llegue cabalgando si no que antes de poder agarrar a morfeo escucha el relinche del caballo negro que se para bajo su ventana y que la espera. Ella no se decide, por eso ni se trepa a su montura ni se puede dormir. Así que de momento solo escucha.
Yo le he dicho que para mí ese caballo es el Tintín, pero ella no cree, simplemente se reusa a creer.

Monday, April 02, 2007

Viaje es salir, pero hay viaje hacia adentro


Salir de viaje en la propia ciudad ofrece salir de la rutina. Tal vez el calor hace que desista un poco, pero mi nuevo proyecto es conocer las islas. Hay una ilusión de ser exploradora en estos viajes, tengo que aceptarlo.
Alguna vez estuve en Santay, pero nunca en Puná. Y no son las únicas islas, también están esas otras que aparecen en las novelas de Aguilera Malta, como la Mondragón. A Jambelí sí he ido y me sorprendí cuando a mediados de agosto el agua estaba caliente, y lo mejor, la playa desierta.
Aunque el viaje es fundamental en la vida y en la ficción, creo que hay un viaje que no hay que hacer y es el viaje al pasado.
La cuestión es si el pasado regresa o si una vuelve al pasado y en la conclusión de hoy puedo decir que lo mejor es que el pasado pase, que el viaje continúe y que si el pasado regresa no es casual. Para emprender el viaje, una vez más, es más es importante ver al pasado, tomarlo por los cuernos avanzar. La historia de la humanidad se podría resumir en los viajes, pero con esta frase yo estaría plagiando a uno de mis héroes literarios, o mejor dicho, plagiándolo bastante mal, como es mi costumbre y dada mi poca retentiva. Qué no daría por poder recitar versos enteros, fragmentos enteros, en fin…

Helado de chocolate con sushi

Una noche, hace poco, caminaba con una amiga por la Víctor después de comer Sushi. Antes, tengo que confesar que comí un helado de chocolate gigante, como para que puedan advertir cómo hago mezclas de todo tipo, en este caso gastronómicas, y en otro, para qué decirlo.
Lo cierto es que caminando por esa calle tan transitada iba recorriendo un pasado bien pesado, y también le contaba mi decisión de tomar el pasado y enfrentarlo de una buena vez. Mi amiga decía, respecto a una historia que podría bien ser la ficción perfecta del enamoramiento y todo lo que eso significa, que yo podía volver , que era posible, en otras palabras, que era posible retomar esa relación. Fue después de escucharla que tuve la certeza de que no. La historia estaba acabada, enterrada, sepultada, y digerida desde que decidí ir al encuentro de esa persona. Eso había creído yo, pero en realidad iba a mi propio encuentro. Me alegro de haber podido hacerlo, me he pasado huyendo, escondiéndome. Así que mientras estaba sentada y tomaba mi botella de agua pensé en el próximo viaje y será a una isla, o a la posibilidad de una, para plagiar más todavía. Es que es imposible no hacerlo.
Dicen que en Puná hay una playa que se llama La concordia. Concordia, me suena a concordar, o a acordar. Entonces será Puná.

Wednesday, March 14, 2007

La cama pirañesca

Si no la conoces debes probarla. Es la que inspiró la película El lado oscuro del corazón, cinta dirigida por Eliseo Subiela, durante la década de los noventa y que se quedó en el imaginario latinoamericano hasta que apareció la segunda parte y odiamos a Subiela por edulcorado.
Así como hay un hombre que busca a la mujer que sepa volar y cada vez que prueba una que no tiene esta volátil cualidad, abre un lado de la cama y la mujer desaparece en el vacío, así mismo me imagino yo acostada en mi propia y única cama pirañesca de terciopelo azul, que debajo tiene una maravillosa pecera que no tiene goldfish sino pirañas del Amazonas.
Después de tener sexo, hay unos pequeños minutos de euforia corporal que se acaban cuando una empieza a pensar entonces ya a la distancia creo que sería mejor no pensar y en otra accionar la palanca de control de la cama pirañesca que además es una palanca de máquina tragamoneda.
Como dejar de pensar no está en mis planes inmediatos voluntarios- siempre hay que dejar un espacio para lo fortuito- yo bajo mi palanca y escucho un ruido de piernas chapoteantes que poco a poco desaparece a medida que las pirañitas han tenido un banquete exquisito.
Después puedo dormir sin soñar, acto fundamental en la vida de cualquier mortal, si deseo asegurar mi supervivencia y cuando despierto miro por un balcón al mar y allí a lo lejos veo a una mujer que va entrando al agua con un poco de miedo porque no sabe nadar. Sí, yo sé que no sabe nadar, porque si supiera yo no quisiera enseñarle como es mi deseo en estos momentos. Dudo si levantarme y darme un chapuzón o simplemente ver cómo esa mujer poco a poco se anima a perder el miedo. Ya es muy tarde, cuando creo que voy a ponerme de pie y voy a ir a la playa,, me doy cuenta que lo de la cama pirañesca ha sido una ilusión y que ahí duerme un personaje. Eso es bien claro. Se trata de un personaje, no de una persona, me repito y pienso que si lo fuera hace rato que podría volar.

Thursday, March 01, 2007

Los amantes


"Algo de mi se ha perdido entre tu casa y mi casa ¿será el calor que no abraza?. No es de gozo no es de ira, como tampoco es mentira que algo de ti se ha escondido entre tu calle y mi alma. ¿Será tal vez la esperanza de un cariño adormecido?"






Susana Baca tiene una voz extrañada; una especie de lamento como si su voz languideciera cuando canta esas letras tan lastimeras que le gustan, y por las que ha cruzado continentes para ser profeta lejos de su tierra. Ahora sé que es negra y un poco india; la digna representante del cajón peruano. Durante algunos años vivió en casa de Chabuca Granda, ayudándola y haciendo música con ella.
La primera vez que la escuché fue en el Gran Cacao, hace 4 años. El dueñobarman me dijo que tenía que oírla y yo obedecí como sólo hago cuando intuyo que una persona interesante puede tener un gusto o afición similar a alguna mía. Y así fue como Susana se metió en mi piel, a la espera de esos instantes en que la dejo salir para compartirla con otras personas.
Con el limewire de una Apple he bajado varias canciones de Susana Baca y tengo ahora a los amantes muy cerca y reparo en la letra que dice:

Mientras caminas por bosques y parques
sólo por besar tus pies
el otoño desnuda sus árboles
sólo por besar tus pies.

Él te ama como yo,
con ojos infinitos
y como yo
también quisiera
desnudarte de otoño.

Nosotros
los amantes
sobre nosotros
la lluvia y el amor
la lluvia sin cesar
sin cesar el amor
sobre nosotros
la lluvia que como el amor
humedece a los amantes
La lluvia llegará.

Ya la he repetido tres veces y la mujer que teclea a mi lado hace un gesto de perturbación, debe pensar que qué le encuentro yo a este tipo de música. Se impacienta, pero este es mi repertorio de cada vez y cuando, y no dice nada. En segundos hará lo de siempre; subirá el volumen de sus canciones preferidas y me impedirá seguir lamentándome con Susana.
Cuando esto ocurra yo estaré viviendo una historia en una terraza. A esa terraza no sube nadie y yo he decidido estar ahí con mi amante.
Hay una ligera garúa que anuncia la tormenta que caerá sobre Guayaquil, y a nosotros no nos importa, porque ya nos estamos besando y nuestras ropas están suficientemente húmedas. El olor de la lluvia se ha mezclado con nuestros alientos y cuando vuelvo a teclear en esta oficina prestada, todavía puedo percibir los aromas que me ha dejado la fantasía. También tengo los sabores mezclados en mi boca, a menudo los siento en los momentos más inverosímiles y me digo que es el poder de la evocación o de los deseos.

Thursday, February 15, 2007

Devaneos sentimentales

Si el pasado sentimental regresa, sólo hay dos opciones: o lo tomas y haces de tipas corazón o haces la del capitán araña. La del capitán araña es la que escuché de mi abuelita. Ella siempre ha bromeado sobre sí misma por su nerviosismo para los temblores, los relámpagos y cualquier situación angustiante. Cuando llegaba el momento de su verdad, huía, pasara lo que pasase.
La del capitán araña es mi opción, creo yo porque de tanta caída una ya no se quiere volver a caer y es literal. De todos estos devaneos hay algo muy positivo y es que de verdad no tropezaré con la misma piedra. Lección aprendida: no presiones a otros a tomar decisiones de las que luego no te puedas hacer responsable.

Una de estas cosas no es como las otras

Plaza Sésamo se hizo presente en una misma mesa mientras la sexópata errante cantaba Cómo han pasado los años. Yo pensaba y pensaba y también algo conversaba, pero de verdad no puse tanta atención a las palabras. Mi patín estaba bien lejos, en las playas manabitas desiertas porque no hay gente y porque no llueve. Dicen que ya son 4 años sin lluvias y el panorama es evidente. Montaña áridas, polvorientas como los caminos, mucha sal, mucho sol.
Regresamos a la mesa aquella en día de San Valentín, una fiesta que no celebro, y pese a ello, ahí estaba probando o tal vez probándome a mi misma el autocontrol.
Al final llego a la conclusión de que me gustan los extremos, los bordes, las comisuras; es allí donde transito, donde me reconozco. Hay una sensación de vacío inevitable por eso, como dije antes, la del capitán araña es mi opción.


Colombia chiquita





Digresión, nuevamente cambio de tema a mi antojo, sigo sentada en la mesa del Dizengoff escuchando los boleros y pienso en Salango, desierta después de que la televisión explotara por algunos días el caso de la droga que apareció en la playa, traída por la marea.
Generalmente el restaurante El delfín mágico está lleno los fines de semana, pero no hubo nadie, lo único que se veía eran ventanas cerradas. Tomé un tricimoto para ir a Puerto López y el que manejaba me dijo que hace años que en Salango hay cosas raras, no de parte de los habitantes del pueblo sino de ¨la mafia¨., porque ¨la mafia siempre es internacional¨, me comentó. La modalidad de ocultar droga debajo del agua era un éxito hasta que los buzos nativos del pequeño pueblo descubrieron el contenido de estas bolsas negras de plástico.
¨Algunos ni sabían qué era la droga, pero siempre hay otros que saben¨. Fin de la conversación.
Siempre hay otros que saben, esa fue la frase que a mi se me quedó retumbante y que volvía a repetirme mientras los boleros continuaban en la voz de la mujer de terciopelo.

Wednesday, February 07, 2007

A room with a view


Suenan las campanas de la iglesia de la Plaza de San Francisco. hay eco y no para de llover; esta vez no hace calor y hay un ambiente perfecto para tomar fotos. Pude ver el departamento que sueño noche a noche, la vista que me entrega con un poco de río y un poco de cerro, las luces y los ruidos propios del centro.
Son muchos años viviendo en Guayaquil, y cuando estoy en otro departamento, tal vez el que en realidad quería ver, pienso que jamás he visto Guayaquil desde arriba, el pleno corazón del centro, desde arriba. La perspectiva cambia, no sé si por el agua de lluvia o porque antes he visto una foto de esa vista que miré muchas veces durante una extraña conversación.
Toco el timbre y luego pienso que qué hago en este sitio, que puede ser un error, que me fascina ver una mesa de trabajo llena de papeles, objetos que no comprendo porque no conozco a la persona que he decidido visitar. Qué significará esa especie de chanchito con cola enrulada y cara de persona. Será la cara del hombre con el que converso, será alguna alusión política.
Hay una pesa cerca del balcón. Sí, una balanza y varios portaretratos en una pequeña repisa. No distingo quiénes están en esas fotos además porque intento concentrarme en la conversación y no puedo. En lugar, pienso que he venido porque deseé llegar a ese piso, escalarlo, explorarlo y luego no sé. Tal vez huir subrepticiamente al amanecer. Voy muy loca por estos días, pero loca en la fantasía y no en la realidad. ¿Qué habrá pensado esta otra persona? Se habrá concentrado en lo que yo decía, pensará que he venido para hablar o pensará que llegué por el mismo motivo que él tuvo para abrir la puerta?
Tengo un problema proxémico. Sólo hay un asiento mitad sillón, mitad sofá, muy pequeño, muy estrecho, muy cómodo. Se sienta y yo espero un poco hasta sentarme, estamos muy cerca y siento una pequeña tensión que evado intentando buscar otro lugar.
Disimulo mi problema con las proximidades, pero se da cuenta. Cierran la puerta del edificio a las 10h30. Estoy atrapada si yo quiero. Sí quiero, pero de un momento a otro digo que me tengo que ir. Bajamos, sin decir una palabra, una sola palabra, y me voy. Ahora la cuestión es si habrá retorno.

Wednesday, January 31, 2007

In her shoes



Noche calurosa, media llovizna de amanecer y mañana gris. Hoy no quiero trabajar, tampoco quiero leer, así que ahí está el cable que veo de vez en cuando, y como todo lo que veo en televisión es accidentado, mutilado, cortado, por episodios, espero coger algo que haya visto hasta la mitad y que pueda continuar. No sé si les he dicho lo de la continuidad, yo creo que sí, pero ahora mientras escribo dudo.
Así que me detengo en la película con Toni Collete y Cameron Díaz, la de las dos hermanas distintas, tanto que luego una no puede creer que se amen tanto. Esa en la que la hermana menor y bonita se acuesta con el novio de la hermana mayor e inteligente, y por supuesto, no tan bonita porque no podría ser de otro modo.
La verdad lo que ocurre entre ellas no me importa mucho a no ser que por ese hecho la bonita, o sea Cameron Díaz tiene que huir a Florida en busca de una abuela perdida (Shirley MacLaine) y vivir con ella en un ancianato, mejor llamado en la película como Casa de retiro para personas mayores. Hay un viejito que ya no puede leer y la bonita-Cameron tiene que leerle por pedido expreso del anciano. La bonita tiene un problema, el anciano lo identifica porque ha sido maestro y digamos que le muestra cómo amistarse con las palabras. El libro que lee Maggie, la bonita Cameron es un libro de poemas de Elizabeth Bishop y justo el poema que debe leerle al viejito es uno sobre dejar ir o perder cosas. Primero cosas reales, le dice Maggie con tirabuzón al anciano que le pregunta sobre lo que acaba de leerle, luego, le dice que la poeta habla de perder cosas demasiado grandes, como un continente, un río. En otras palabras sobre perder cosas simbólicas porque ni aunque quisiéramos nos pertenecen los elementos de la naturaleza, sino más bien todo lo contrario.
La bonita y no tan inteligente Maggie sabe que se trata de expresar lo que no puede decirse, y yo estoy pensando que es una gran película, cuando en realidad es muy mala, y sólo porque ese momento de la lectura del poema es fabuloso.

Yo que ando como Elizabeth Bishop meditando en la geografía, en los desplazamientos y en los desajustes decido buscar y buscar información sobre esta autora. Lejos están las imágenes de In her shoes, la película que me trae a Bishop.
Por algún motivo poco lógico lloro porque no voy a poder encontrar en ninguna librería un libro de Elizabeth Bishop, o lloro porque el poema que la tonta Maggie leyó en la película era sobre la pérdida, o porque aunque lo lea nadie más tal vez lo haya leído y si lo hay quién sabe dónde está.

Es la geografía del amor, me repito. Es la geografía del amor. En los zapatos que luego me coloco dispuesta para salir, recuerdo otros zapatos que he tenido. Los que llevo puestos hoy han recorrido y soportado, sobre todo soportado. ¿Y lo que han visto esos zapatos? Han visto desde abajo, siempre desde abajo, así que me detengo un ratito en la puerta para decirles que mejor yo les voy a contar, y que si quieren ya no tendrán que ver nada más. Total, en la geografía del amor hay muy poco qué decir.
Ya lo decía Bishop en sus poemas que luchan por no revelar su propia vida. Luego del wikipedia entra a un artículo del New York Times que habla de una novela que narra la historia de Elizabeth Bishop y su amante brasileña Lota de Macedo Soares. Una historia de 15 años que duró hasta que Lota se suicidó allá por el año 67.
De Boston hasta Santos en Brasil, en barco, y luego a París y después a Boston otra vez, o a la casa de New Haven. Todo este territorio para transitar en una paz aparente, una paz que jamás le devolvería a Lota, ni los quince años en Brasil. "Perder un continente, perder un río", eso fue lo que escribió Bishop.

Thursday, January 25, 2007

Autoconstruir una vida


Hace nueve años el invierno fue tan fuerte que la comunidad Judith Ortega de Milagro se sumergió dos metros bajo el agua. Hoy, aunque las lluvias todavía son débiles, el municipio de esta ciudad empieza a rellenar lo que puede.
Durante el trágico invierno del Niño, Salma Cerezo Pilco tuvo que cambiar su domicilio y supo que otras personas que conocía se albergaron en la Universidad Estatal. También se enteró de que una fundación donó alimentos, vestimenta y medicinas.
Después del fenómeno de El Niño las personas regresaron a Judith Ortega, y aunque el nivel de agua estaba bajando, la destrucción de lo poco que tenían saltaba a la vista. Las donaciones siguieron llegando y la ayuda de Hogar de Cristo, la fundación que se encarga de dotar de un techo a los que no lo tienen proporcionó casas a casi 150 personas de este sector. Esta intervención fue trascendental, sobre todo para la vida de Salma Cerezo Pilco, que empezó a frecuentar las charlas, talleres y a recibir los beneficios de los programas de alimentación que las fundaciones habían emprendido en Milagro. Como habitante de uno de los sectores más deprimidos de la ciudad, los suburbios milagreños, esta mujer se dio cuenta de que estas organizaciones hacían lo que los gobiernos jamás habían hecho.
“Recuerdo que las casitas costaron un millón cuatrocientos mil sucres, y se daba una entrada de 200.000 y se pagaba 50.000 sucres mensuales. Después de un tiempo, llegaron los proyectos de otra fundación" Ella se refiere a Un kilo de ayuda de Nobis, por el cual mensualmente las familias inscritas reciben víveres que ayudan a completar la deficitaria canasta familiar.
Hasta esta época Salma no estaba involucrada en el trabajo de las fundaciones, aunque le pareció que podía aplicar a un trabajo con ellas.
Salma, que nació en Naranjito y que se mudó a Milagro después de haberse casado , me cuenta que había estudiado Marketing en la Universidad, por lo tanto intentó conseguir un trabajo en la Fundación Nobis. “El problema era que mi título no era compatible con lo que hacían ellos, así que de todas maneras comencé a ayudar en lo que podía. Colaboré con los censos, con las entrevistas, era como si fuera una especie de secretaria”.


Con el tiempo, por su tenacidad y don de gente, se ha convertido en promotora para el programa del FODI, instaurado por el Ministerio de Bienestar Social “Queremos ver en el niño el máximo desarrollo, y por eso visito las casas de las madres inscritas en el programa para enseñarles a estimular a sus hijos. Mi trabajo es de horario completo”.
Mientras Salma cuenta su experiencia en el trabajo comunitario, observa cómo una volqueta del Municipio rellena el camino lodoso. Ella ha estado vigilando el proceso todo el día porque sus vecinos se lo han pedido. Cuando necesitan que alguien hable, Salma es la primera persona en la que piensan. Mientras conversamos los vecinos se van acercando y en los pocos silencios que deja Salma, van diciendo algunos de sus problemas. En las casas cercanas las mujeres mayores se asoman por las ventanas y nos hacen señas para que vayamos para allá.
“A pesar de que había trabajado antes, era distinto; hoy estoy más vinculada con las personas. A veces hasta me toca ser confidente. Me gusta ayudar al prójimo, sin esperar nada a cambio”, es lo que dice Salma que habla por los otros también.
"Aquí en Milagro no hay empleo, sólo los que trabajan en el Ingenio lo tienen y el resto de gente dice que se va a palear por allá lejos, o a dónde sea".
Mañana Salma supervigilará la entrega de materiales para un programa de autoconstrucción de viviendas, una vez más, que organismos no gubernamentales envían para la comunidad Judith Ortega.

Monday, January 15, 2007

¿Inocentes juegos?


Los juegos que me gustan están ligados a mi infancia y sospechó, por alguna razón que todavía no alcanzo a vislumbrar, que tienen que ver con muchas situaciones de mi vida actual.
Primero el pokino, no sé si se escribe de esta manera , lo cierto es que en la casa de mi abuela jugaban pokino por las tardes, luego los juegos de naipe digamos infantiles: la burra pintada, quita montón, el hueso; más adelante telefunque, pokar, 21 y 40.
El parcheese me viene por el lado materno; ese me parecía lo más divertido, hoy no tanto. También pasé por la etapa de la macateta, las canicas y el dominó.
Mi background de juegos es amplio, y sé que con el tiempo una les va buscando más complejidad porque domina los más sencillos; en esa búsqueda hay hallazgos, siempre los hay. Las damas chinas, el ajedrez y los juegos de mesa más modernos como el Operation, el Risk (no lo jueguen siempre hay peleas y esa no es la idea) y el Clue, este último inigualable.
De adulta-adulta, o sea después de los 25 según yo, experimenté los casinos, las máquinas tragamonedas- a estas últimas había ido sólo en el hotel Miramar de Salinas mientras mis padres jugaban en el casino cuando tenía unos 8 años- y la ruleta. Hace unos años mi papá me contó que amobló la casa ganando la ruleta en ese casino. Yo me maravillé y empecé a comprar la lotería de vez en cuando porque empecé a creer en la suerte.
Mi papá compraba el entero en otras época, y una vez se olvidó de comprar su número y me mandó a mi, con la especificación de que le llevara los guachitos que terminaran en 2. Yo, desobediente por naturaleza le compré en 1 y en 3, y se ganó algo así como un millón de sucres. Creo yo que debe haber sido 1993 más o menos.
¿Se acuerdan del trencito millonario? De ese me hice adicta y la adrenalina se me subía cuando raspaba el segundo casillero y me coincidía con el primero porque según yo, la próxima sería igual y me ganaría el cuadro por cuatro.
Parece que la afición al juego me viene por los dos lados, porque mi mamá me ha contado que mi abuelita participaba en todo concurso y sorteo que había. Ahora, mientras empiezo a recordar, también me gustaba llenar los álbumes con los cromos, el de la vuelta al mundo en ochenta días, el de historia del Ecuador, y mucho antes que estos algo sobre personajes de Disney que venían en las tapas de las colas.

Hoy, ya no creo en la suerte, pero el gusto por el juego creció en mí, tanto, que cada salida a un centro comercial intento dar una vuelta por los sitios en donde venden juguetes. Mi mala suerte es que a mi mejor amiga no le gustan los juegos y cuando acepta jugar, scrable por ejemplo, me dice que sólo lo hace para darme gusto. Cuando encuentro alguien que disfruta de los juegos de azar, me sorprendo, me empatizo con la persona, pero todo esto dura poco, o mejor dicho, dura lo que dura la plata que una ha llevado al Casino.

Si cada vez se buscan juegos más complejos, ¿qué significa esto? ¿Invaden los juegos el terreno personal? ¿Será que vamos por ahí buscando algo más complejo para superarlo, o será sólo el simple ánimo de jugar? Otra vez los límites, los límites que me dicen que vaya con mucho cuidado, como si eso no fuera también un juego.

Tuesday, January 09, 2007

Restaurar

Sólo una pequeña habitación silenciosa es capaz de devolverme la templanza. Y el trabajo, también. Son las dos únicas situaciones en las que pretendo ejercitar la coherencia, y eso es lo que se muestra. En otras palabras no importo yo, no me importo a mí misma, o deseo que por un largo período así sea. Hacia fuera, el mundo exterior trae mucho ruido, conversaciones, proyectos de trabajo. Hacia fuera parece que hubierea un camino por recorrer, cosas por hacer, vida por vivir.
Es la única lección clara que aprendí de otra persona en el pasado, o tal vez la única que tiene sentido y que recién ahora logro comprender. Mucho trabajo para desviar lo que ocurre conmigo, mucho trabajo para olvidar, para acabar con la memoria personal que produce vértigo y sueños de terror en donde conozco a los protagonistas, y son tan vívidos que prefiero tener insomnio que sufrir en el sueño que debería ser reparador.
La pregunta que me hago es cuál es mi límite, si hay algo más por terminar, si hay algo más por destruir u odiar. O si simplemente se trata del paso del tiempo. Para responderme ensayo ritos adivinatorios, le pregunto a mi tarot, le exijo una respuesta.

Sunday, January 07, 2007

Ascensión en sábado


Guayaquil en sábado invernal en el cerro. Cerca de Faro de Luna miramos los lechugines con el celular que trae llamadas que nunca serán contestadas y mensajes agradables de los amigos que ya no estarán más.
Era el último día de mi querida amiga Mari en la ciudad; nunca supe lo importante que era este viaje para ella hasta que llegó y conversamos como nunca porque ya no vive aquí y como siempre porque mantenemos el diálogo. ¿Qué hago con los recuerdos?, me dijo una noche cuando regresábamos en un taxi a nuestras respectivas casas. “Creo que deberías quemarlo todo”, le dije sinceramente, aunque después añadí una de mis frases graciosas que me salvan de la tristeza, creo que fue algo así como : “Mira quién te lo dice, el burro hablando de orejas”. No sé si el dicho estaba bien, pero eso fue lo que dije y me imagino que comprenden qué significa.
Cuando llegué a mi casa esa noche pensé si ella estaba libre por fin del pasado, porque en apariencia eso es lo que yo había creído, y sin embargo, algo me decía que no era así. Creo que fue esa noche que empezó mi padecimiento, todavía no estoy muy segura, pero hoy estoy cansada para averiguarlo. Me corrijo, ya siempre estoy cansada.
Subir las escalinatas despacio, pidiéndole permiso al sol y a la humedad y al propio cuerpo tiene su recompensa. Y yo hubiera podido estar con mi amiga y no la eligí. ¿por qué no lo hice?

Desde el Faro de Luna se puede ver abajo la Numa Pumpilio Llona, el proyecto de puerto Santa Ana, los gatitos de las casitas regeneradas, la ropa lavada en los cordeles, las ruinas y los rastros de un pasado, que está casi perdido. El río era lo único fijo y móvil al mismo tiempo, y también lo éramos nosotras. ¿Cuántas veces había subido yo esas mismas escalinatas sola o acompañada por otras personas? Unas ya no están, otras mejor que no estuvieran.

Bajar las escalinatas es otra cosa, no hay peso que cargar, el cuerpo se aliviana, aunque sea en apariencia.
Fue una tarde agradable, demasiado pensé en algún momento, y cuando eso ocurre ya se sabe cómo terminará todo. No me queda más que pensar que ojalá la historia no se repita, en si yo pudiera de verdad hacer algo, pero no puedo. Estoy segura de que no siempre tiene que ser igual, pero en la experiencia siempre ha sido igual.
Fue una buena tarde, fue el final de un episodio, de un período, y de una historia. ¿Se dan cuenta de que como lo digo es como si la historia fuera lineal?, pero ya sabemos que eso también es una trampa, la simultaneidad es lo único cierto. Historias, bah, ¿qué es lo que nos traen de verdad? Qué inútil, qué triste.

Friday, January 05, 2007

Cerecita, pueblo fantasma



Mi recuerdo del pueblo fantasma viene de las películas de vaqueros. También de los domingos de televisión con arroz con cangrejo de La Chimenea y viendo Jim West. Luego, he visto pueblos fantasmas a lo largo de mi vida varias veces, generalmente camino a la Costa.
La semana pasada pude viajar a la Península para recibir el año y entre otras cosas, me fui fijando en la “autopista” Guayaquil-Salinas, de la que podríamos decir mucho, aunque yo me encargo de los detalles, esos que se ven nimios, pero que son fundamentales. Hay en esta vía árboles sembrados, luego una especie de matorral que da flores, supongo yo que no se les ocurre que necesitamos sombra, y en otros sitios hay unas varas metálicas que nadie sabe para qué son,
ya después de Progreso no hay “adornos”.
La famosa autopista ya no pasa por los pueblos. Cerecita, Progreso, Buenos Aires y Zapotal sólo podrán ser vistos si queremos entrar a ellos. La justificación del prefecto del Guayas es que “así son las autopistas del mundo”, no se pasa por ellas, así es en Estados Unidos.

Es cierto, así es en Estados Unidos, pero por qué la comparación como si los pueblitos norteamericanos estuvieran sumidos en la miseria y en el olvido. Desde hace años que estas poblaciones viven de la venta de comida, agua, cocos helados y demás que hacen a los viajeros de las playas. Es la única forma de supervivencia que conocen. Otros se dedican a la agricultura que gracias al trasvase de la represa del Azúcar, ha florecido. Muchos, también, venden al borde del camino su producción de pimientos y tomates gigantes, sandías, papas, mangos y ciruelas. Verlos trabajando en los bordes de los caminos daba la imagen de un pueblo pujante, emprendedor que intenta salir del destino al que está sometido.

La imagen que tuve de Cerecita fue deprimente. Casas cerradas, comercios quebrados, sin niños jugando en las veredas y unas cuantas personas asomadas a las ventanas, para ver algún bus. Qué impresión tuve de que Cerecita se había convertido en un pueblo fantasma y que yo iba en un caballo buscando algún bar para refrescarme del sol.
Es el desarrollo me dijeron varias personas con las que comenté esta situación. ¿No se supone que el desarrollo crea progreso y bienestar? ¿No se supone que si se construye una “autopista” se debe pensar en las personas que viven cerca de ella?

Cuando se acabó el año pensé en Cerecita , pueblo fantasma y en los otros que no conozco, pero que abundan. Me acordé de la mujer vieja que miraba por una ventana.

Tuesday, December 26, 2006

Al fuego





María Marcillo hace caretas con retazos de diario El Universo. Ella y toda su familia se dedican a este negocio de tradición que los mantiene durante tres meses, luego vuelve a sus habituales actividades de lavandera o cocinera y así todos los años.
En toda la calle Seis de marzo del sur de Guayaquil los podemos ver, también a los nuevos muñecos que han reemplazado a los antiguos años viejos de acerrín. María Marcillo se relaja y piensa en la plata, en si todos los meses fuera 31 de diciembre.





Así van quedando. Hacer caretas puede tardar tres días porque hay que esperar que se sequen. María Marcillo prefiere usar almidón y dejar secar al sol. En esta época cualquier lluviecita puede costar caro, así que las coloca debajo de un techo de zinc. Así las caretas parecen cementerios de cal.



Y pensar que después de esto ya se las puede quemar. Hacerlas, secarlas, pintarlas para que ardan. Nacen para morir igualito que los seres humanos, ¿será por eso que mientras las fotografiaba me decían cosas, me contaban sus historias, sus llantos?

Monday, December 18, 2006

Raro fatal

Los encuentros son interesantes, no importa si estamos huyendo o queremos afrontar las situaciones. Mi encuentro de ayer me mostró que se puede restituir el orden perdido, los diálogos, las amistades.
Hace mucho tiempo tuve un amigo, pero creo que la distancia nos separó. De esta amistad recuerdo mucho los diálogos, algo tan difícil de lograr y de mantener. Cuando pienso en este tema me miro y miro a otras mujeres porque yo creo que los diálogos y las relaciones para nosotras tienen que tener continuidad, y ya sé que estoy generalizando, pero sinceramente lo discontinuo puede llegar a ser perturbador, es como si tuviéramos la necesidad de ir tejiendo una gran colcha de retazos para darle sentido a las cosas, estamos siempre armando, cuidando, complaciendo, en fin, todas estas cosas que me hacen poner de mal genio porque no puedo escapar de ellas, aunque intento.
Pero bueno, decía que tuve este encuentro con un amigo que me hará un enorme favor, y que además me apoya con mis planes más que nadie. Yo que andaba dispersa pensando estupideces que no valen la pena, y gastando mi tiempo en la cotidianidad, adoré sentarme a conversar sobre lo que sí tengo que hacer y que he postergado.
Después de una hora de espera en una librería que aproveché para fisgonear libros por fin llegó y hablamos y hablamos y de repente muchas cosas tomaron sentido. La primera es que el diálogo tiene un papel fascinante en mi vida. Mis amistades y mis antiguas relaciones se han fundamentado en él. Luego, que no puede haber autoengaño, he elegido que el diálogo siga rigiendo mi vida. No más interpretaciones, solo lo dicho...
Luego viene toda esta conversación sobre las relaciones y sus nudos y luego esta revelación que llega a la conclusión es que nadie escoge a nadie, y que si se pudiera el mundo sería irreal.
Él menciona esta unión rara fatal que lo une a ciertas mujeres, por alguna razón, el sexo puede verse como una perdición y las relaciones como algo siniestro. Me gusta la palabra siniestro, y me repito eso de raro fatal y nos reímos muchísimo por lo cursi y por lo cierto.
Habrá continuación

Thursday, December 14, 2006

Allí donde la vestimenta se abre

"El texto que usted escribe debe probarme que me desea. Esa prueba existe: es la escritura. La escritura es esto: la ciencia de los goces del lengüaje, su kamasutra (de esta ciencia no hay más que un tratado: la escritura misma)".
Pues no tengo mucho qué decir ni qué decirme, sólo que gracias a que ya tengo saldo otra vez, ocurrió. Mañana lo de la noche será historia, pero mientras, es una invitación para salir del aburrimiento y de la rutina. Una verdadera invitación que esta vez no rechazaré. Por la noche y porque prometo lo que cumplo, casi siempre.
"El placer del texto es similar a ese instante insostenible, imposible puramente novelesco que el libertino gusta al término de una ardua maquinación haciendo cortar la cuerda que lo tiene suspendido en el momento mismo del goce".

Sunday, December 10, 2006

A dos velas


En mi casa mandamos a lavar la ropa fuera y me quedé sin sábanas limpias; el resultado fue una pésima noche a colchón pelado, con un poco de frío y muy mala respiración porque la gripe me dura mucho más por ser alérgica y casi asmática.
Sábado, mediodía. Hipermarket de la avenida Francisco de Orellana. Lo odié por enorme, desordenado, abarrotado de personas que se chocaban unas a otras sin decir una palabra. El ruido de la multitud es apabullante en la ciudad; no importa si estás en el centro o en un centro comercial.

Retroceder un día. Es viernes y quiero tomar muchos vodkas, pero en grupo. Esto de querer tomar unos tragos no es muy usual, pero cuando aparece el deseo nada mejor que saciarlo. El problema es que no quería tomármelos sola. El pequeño límite estuvo en el cansancio; sí, cansancio de pensar mucho, de otra vez romper y luego empezar otra vez, y ahí, justo cuando estaba en estas meditaciones, me agoté.
¿Qué hace una mujer que cree que quiere estar con alguien que le da toda la impresión de que en realidad no quiere estar con una? ¿Cierra el capítulo, o sigue y sigue igual que el agua del río, sin llegar a ninguna parte? ¿Qué es una parte? ¿A dónde quiere llegar? ¿O será mejor hacer lo que a una le plazca y si todo es satisfactorio para una simplemente estar? No, no, no. Tres veces un no es como un sí.

Volver al futuro. La llamada llega el sábado al caer la tarde. Dos velas se presenta en la plataforma del MAAC y ahí estoy junto al público peso pesado de Guayaquil. Habría que hacer un documental del comportamiento de ciertos grupos sociales y ver cómo reaccionan a los estímulos del arte y de los espectáculo culturales, en general. Los tres rumberos de Jerez de la Frontera aupando al público para que se pare, para que cante, para que baile y nada. Eso sí, un poco más de whisky y con la última canción, Con la gente que me gusta las mujeres estaban casi en el escenario de los españoles que luego se iban a Dadá a rematar la noche. Yo estuve sentada en una mesa esquinera y si quiera vi unas 10 rubias tan, pero tan parecidas, que no sabía si era el efecto multiplicador de los tragos o la falta de identidad o precisamente la identidad de los guayaquileños clase alta. Y podría seguir con la ropa, todas las mujeres vestidas iguales, con los mismos colores, el mismo estilo. Son los que pagaron 35 dólares para ver a Dos Velas.

A Dos velas. por fin conozco a la chica chico en La Taberna. Esta historia tiene episodios que empiezan en el blog de una conocida. La cuestión es que el aburrimiento lleva a muchos lugares y a veces, cuando se llega a ciertos sitios es difícil volver. Siempre es difícil volver; el pasado pesa demasiado o a veces recordamos que nos sentimos tan bien, tan agradables que lo preferimos a este estar en un presente anodino. He llegado a la conclusión de que el cariño es muy deseable; lo digo porque en algún momento era una mujer-placer anti demostraciones de afecto. Hoy me complacen aunque vivo mi propio patín.

Baño de la Taberna. no estoy muy segura de lo que pasa en este bebedero, pero sí de lo que ocurrió en el baño. Al principio disfruto mucho de la idea de dar rienda suelta a todo, pero cuando la noche termina y veo el estado en que ha quedado mi amiga, por unos instantes, me aterro de la descolocación, del descentramiento. Primero pienso en mi amiga que ha entrado en pánico, cuando se ha recuperado un poco terminamos la noche en Ojos de perro azul, en la barra, con humus, una cola de dieta y una cerveza. Tomamos un taxi y yo llego a mi colchón de a Dos velas y pienso en la chica chico, un poco abatida porque no se da cuenta de que todo fue un juego. Pienso en sus ojos negros mirando extasiada algo que no es real. Siento chuchaqui moral por cómplice y encubridora,y aún no ha amanecido. El calor del invierno se deja sentir, así que la ropa no es necesaria; la piel se pega al colchón y siento, siento mucho. He hecho una digresión, hubo mucho más.

Sunday, December 03, 2006

Vagando por las calles

Guayaquil es una ciudad para vagar, pero cuando no hay sol. Ayer hubo sol, ayer no pude vagar, entiéndase esto como caminar por las calles del centro y ver. ¿Cambia nuestra mirada de ver si vamos solas o acompañadas? Sí, cambia demasiado, por ejemplo, ayer me di cuenta de que me gusta vagar sola.
Hay una afición en esta ciudad por “engalanar balcones” con lucecitas diminutas, yo creo que desde que El Universo hacía los concursos de los balcones engalanados; concurso que ganaba el que más foquitos tenía, es decir, que era un premio a la abundancia, como para contrarrestar la pobreza real, que en algunos casos, vivía la familia triunfadora, y no sólo ellos sino también la ciudad, casi totalmente.
Aunque yo hable desde un ayer que era día y no de la noche, se me vino todo este lucerío a la memoria, la más traidora de las amigas, y finalmente la única que importa.
Un caldo de salchichas en Aquí es Yulán puede ser el mejor bálsamo para una borrachera, mientras cucharada a cucharada disfrutaba del líquido caliente, la oscuridad de sus aguas me parecieron un caldero que me devolvió mi imagen trasnochada. Antes de llegar a Yulán caminé por la Piscina Olímpica y el olor a orine era abrumador. Ya se me había olvidado este olor tan característico de Guayaquil. Guayaquil, sigues oliendo a orine.

Buscar una película en puestos piratas de la pirata Bahía se me está haciendo clásico; quiéralo o no, el hallazgo de un tesoro es un motivo eterno. Eso, y luego ver las películas en la tranquilidad de una casa ajena fueron lo mejor del día. El último tango en París me gustó más que cuando la ví por primera vez. El perfume empezó muy bien, pero se me hizo pesada, además, adoré ese libro y no me podía despegar de su ritmo; eso sí, las primeras escenas de El Perfume son fascinantes. ¿será que hay momentos que valen más que toda una historia? Ayer me pareció que sí.

La ciudad en sábado por la mañana estaba convulsionada por el mes, y empiezan mis padecimientos hasta que por fin se acaba el año. Mientras tomaba una botella con agua en una picantería de esquina cerca de la bahía pensé en la atención al cliente, en el aburrimiento, en la noche anterior y en las buenas conversaciones, en los celos de los amigos que seguramente no se dan cuenta de que los padecen, en el día de domingo que me recordaría que mañana es lunes, y en los pocos días que faltan para que lleguen los amigos perdidos por la distancia y en las conversaciones abiertas, sinceras en donde las cosas se dicen y no se guardan, en donde el afecto está asegurado porque se demuestra y se dice. Qué importante que es decir, que alivio se siente no tener que intuir, sino sólo corroborar que nuestra presencia se desea o es muy necesaria. Ayer sufrí de extrañamiento en el puerto. De ese extrañamiento que me recuerda quién soy.
En la picantería hubo una brisa que me trajo el olor del río y pensé en la muerte. Cuando llegó la cuenta desperté de mi ensoñación de sábado por la mañana y tuve la necesidad de llegar a casa, a mi ex cama, a mi ex casa, pero eso ya no existe.
¿Qué existe? Parece que nada de lo que no sea yo existe. Sólo soy yo en la más intensa de las soledades. Una vez más me repito, en la más intensa de las soledades viviendo mi película muda. He sido un accesorio, soy un accesorio. ¿siempre seré un accesesorio? Por eso digo Good night and good luck, ahora sí presencio mi propia muerte, una muerte simbólica y necesaria.

Monday, November 27, 2006

Dia de domingo

"Los soles se ocultan, y pueden aparecer de nuevo; pero cuando nuestra efímera luz se esconde la noche es para siempre, y el sueño, eterno". (Catulo)
Lunes, muy tranquila repaso mi día de domingo. De repente me acuerdo de esa canción brasilera, día de domingo, esa que dice, necesito respirar...
El domingo más temprano que siempre intento robarme el carro de la casa de mis padres para llevar a cabo mi plan: ir a votar con mis amigos y luego desayunar en el bolón de Tere, un súper tigrillo. Soy descubierta en el acto, mi padre tan madrugador como yo se ha levantado antes y planea irse a La Palma, con mi mamá, pero ella, desde que trabaja no tiene intenciones de despertarse temprano, darnos el desayuno o simplemente levantarse.
Él me cambia los planes momentáneamente, quiere hacer cambiar los planes de ella, a mi madre que intenta convencerlo de que me preste el carro. Al final me salgo con la mía y a las siete y media ya estoy manejando. Antes tuve carro, y recordé cuánto me gusta manejar; en el viaje que hice una vez con unos alumnos a Machala, nuestra llegada al parque petrificado de Puyango y luego el regreso aparente a Machala, eso sí, después de habernos cruzado la frontera. Una aventura para ellos y para mí, como protagonista de la historia. Tal vez los chicos se acuerden más de eso que de las clases, y si es así, me siento satisfecha.
Después de recoger a mis dos pasajeros llego al recinto electoral, a no ejercer el derecho al voto. He estado siempre empadronada en Balzar y no soy de allá, pero, ¿acaso soy de acá?, ¿será que el error en el padrón quiere ratificarme mi condición de extraña en el puerto? Cuando me acerco a la junta en que me tocaría votar la presidenta me reconoce, y dice, ¿pero si usted votó aquí en la primera vuelta? Y yo asiento y digo que son cosas que ocurren, porque quiero tener el bendito certificado. En realidad me muero de ganas de robarme las papeletas electorales, o tal vez de robarme solamente una para tener de recuerdo.
Me dan el papelito y lo guardo en la billetera; nos vamos y tenemos que subir el paso de peatones que está al pie del colegio y el olor es tan desagradable, tan de desagüe, de baño público, que me transporto a las épocas en que todo Guayaquil era un baño público de hombres, porque las mujeres no tenemos la facilidad de vaciarnos así de fácil.
La oferta comestible varió ayer, se hizo mexicana, típica de la sierra y de la costa. Un tendido tenía calzones, y se me pasó por la cabeza comprarme uno, pero el calor y la prisa por llegar al bolón o al tigrillo fue más fuerte. Me acordé de un ex profesor que decía que para él cualquier comida era un largo periplo hacia el postre; definitivamente era un fanático de los dulces, así como yo soy una fanática de la sal. Una vez en el bolón de Tere di rienda suelta a mi deseo, y luego, cuando llegué a mi casa, me sumergí en un sopor producto del empacho gastronómico y electoral. Soñé que un avión de LAN se caía en la ciudad, y yo veía el siniestro desde la ventanilla de otro avión que sí volaba; soñé también que Alvarito ganaba, y ascendía a los cielos ataviado con los trapitos del Divino Niño, y su esposa se convertía en la única e irremplazable presidenta del Ecuador. Cuando me desperté seguía un poco desubicada, como de costumbre y prendí el televisor para esperar que mi sueño fuera una pesadilla, al menos parcial.
Hoy que escucho los comentarios del triunfo de Correa y la esperanza perdida que parece haber renacido para algunas personas, espero también que esa esperanza me de una bofetada para que crea más, para que sueñe más. Pero estoy en Guayaquil, y esta ciudad no permite muchos sueños, por más identidades que una se invente.

Thursday, November 23, 2006

La sopita


Hoy tenía que postear mis excesos y la sopita no podía faltar; es mi clásico líquido. No puedo decir que la prefiera a un caldo de salchichas o al de bolas de verde, pero cada vez que me he tomado la sopita de papa de Tony Romas ha sido en medio de una conversación reveladora. Tal vez lo más importante es coincidir en ciertos gustos, y todavía me cuesta creer que esta sopita me une a Lu Ber, o la Cantante, o a mi Gemelo. Tres personas distintas. Cuando me acuerdo de ellos pienso que tenemos una cosa visiblemente común: nos encanta la comida. ¿Y compartir la sopita? Pues eso es lo mejor. ¿Les apetece?

Sunday, November 19, 2006

Colada

Hace años que no escuchaba la palabra colada y es porque nunca fui colada y me molestaba que otras personas lo fueran. Así que cuando mi amiga me llamó ayer porque otro amigo nos recogería para ir a una parrillada no sabía que llegaría a la casa de una conocida estrella del Rock de la ciudad. Acepté porque pensé que se trataba de una reunión grande en donde pasaría inadvertida mi coladés, pero no, la reunión era íntima, me revelaron los pocos que estaban ahí, después del calor y la confianza de las cervezas.
El mejor momento de la noche: el rockero y una cantante en vivo, improvisando, en un pequeño patio de La Alborada; me parece un misterio el don de la música, creada o interpretada sin previo aviso.
La mejor anécdota contada: la del rockero que abrió el concierto de Molotov y que después de que el público coreara sus canciones fue sacado del escenario por la gente de los Molotov para que, por fin, cantara el grupo mejicano, y luego la cabreadez del cantante ecuatoriano que putió a los Molotov por haber sido tan descorteses, y que después del concierto se dio cuenta de que uno de sus íntimos amigos había robado una guitarra de colección del grupo mexicano, que valía oro.
Tranquilidad, no vayan a pensar que los músicos son ladrones, era una pequeña jugada para demostrar que no porque fueran Molotov podían portarse tan insolentes como siempre. La angustia que deben haber sentido los mejicanos debe haber sido insoportable. Finalmente, la guitarra fue devuelta con una notita que decía: “Para que ya no sean tan hijos de puta”.
La música de fondo, los Gotan project y su revancha del tango; ya eran las 5 y media de la mañana.