Monday, October 30, 2006

Guayaquil en la historia


Mi verdadero propósito era ir al Imax, pero decidí ver el nuevo museo que se inauguró la semana pasada. En la boletería no había cambio, pero solucionaron rápido el inconveniente, así que esperé 20 minutos para poder hacer el recorrido.
Antes de entrar me dicen que no puedo tomar fotos, y también que antes de ver las instalaciones tenemos que escuchar las palabras del Alcalde. Eso ya no me gustó mucho, y la verdad no porque me caiga mal el bigotudo si no que me sentí en la China comunista o en Cuba, o como me imagino yo que debe ser en esos países, cada vez que se abre un museo y hay que darle las gracias a la autoridad o a quien sea, de una manera bien propagandera. Ya estaba allí, así que como diría un amigo lumpesco –un poco abandonado por estos días, aunque prometo revertir la situación- , me la tuve que mamar y escuché lo que ya se imaginan, que el museo ha sido hecho para nuestro orgullo y blablabla.

Cuando se acabó el discurso el guía dijo que el proyecto había sido dirigido por el mismo tipo que hizo la iguana de Aventura Plaza, y que además había trabajado en Los piratas del Caribe, supongo yo, haciendo las mismas maquetas que vi.
Ahora sí que tenemos un museo tipo Disneyworld, porque es bien gringa la manera de presentar todo, las maquetas son perfectas, porque no hay otra palabra para describirlas, todos los recursos posibles han sido utilizados, y sobre todo, la musicalización es estupenda, independientemente de que me haya gustado a mí o no. Tengo que decirles que el extasis me llegó cuando escuché El himno a Guayaquil en estilo opera rock, o tal vez como si fuera un musical de Broadway. Como las asociaciones son inevitables se me venían a la mente los lunes cívicos del colegio cuando ponían el himno y me cabeceaba del sueño.

Ocurrió que me tocó un grupo inquieto; tres niñós, los padres, una anciana, una joven y un hombre, digamos maduro. Como podrán imaginar los niños accionaban el botón amarillo para que la voz en off nos narrara el episodio histórico, pero ni bien íba la mitad de la historia cuando los pelados ya se habían pasado a otra estación. La anciana no podía terminar de escuchar, así que el grupo se dividió. Yo, como deducirán me fui con los niños, porque estaba más interesada en ver los muñequitos, que los había de piratas, españoles, damas con trajes antiguos, próceres, nativos, en fin de todo. Hacia la mitad me salí porque no tuve paciencia. Algo pasa con mi paciencia, no sé si para bien o para mal. Eso sí, me sentí, tan pero tan guayaquileña, que me amé mucho, algo que me hacía mucha falta. No puedo dar una versión de este nuevo museo, sólo puedo decir que he perdido la objetividad, o lo que me quedaba de ella. Al salir, unas chicas me preguntaron qué tal era el museo y yo dije: “Hermoso”.

Friday, October 27, 2006

Ojos de perro azul. volumen 1



Yo puntual llegué al bar de Rubén y Liliana, así que puedo dar testimonio del antes y del durante. Lo que pasó después, cuando ya todos se tomaron los tragos, eso no puedo contarlo porque, siguiendo mi tradición de irme antes de las 12h00 de la noche, partí en mi carroza que todavía no se había convertido en calabaza.
En las paredes de Ojos de perro azul hay unos murales de una selva no tan exótica, más bien dispersa que hace juego con las lámparas de bambú que también están decoradas tribalmente. A ratos me parecía estar en Montaña, pero no, estaba en Panamá y Padre Aguirre, a una cuadra de Vulcano y de La Zurda.
Creo que el éxito de los bares depende de sus personajes, y Ojos de perro azul no es la excepción; ahí estaba gente que no he visto en años, muchos músicos, como Segovita, por ejemplo que ha resultado ser hermano de Rubén Segovia, uno de los dueños del bar. Con él, o por él debería decir que apareció Napolitano con una mujer enmascarada, por ahí pude ver también a uno que otro pintor; el legendario Mendoza que se apareció un ratito y más allá a Allan Jeffs. Los bailarines y los teatreros también estaban, por ahí bailaba Valeria Guerrero con unos tacotes que la hacía ver como un edificio de diez pisos, y en la barra del bar el pelo rojo de María Fernanda Gutiérrez era de un fulgor imantado.

Hubo profesores del colegio Alemán, antiguos compañeros de trabajo de La Garcés, también los de literatura. Por ahí estuvo Mussó, como para hacer presencia y mostrar que todavía quedan unos cuantos dinosaurios de esta especie vivos y hasta los de la televisión y la radio aparecieron. Diego Rendón, hoy Radio City, estaba sentado en una mesa alta, y pude conversar con él. Nos conocemos desde que tenemos cuatro años, y cuando me dijo que justo, justo esa mañana había pensado en mí, volví a tener cuatro años y uniforme de kindergarden. Era la hora del lunch y mi mamá me había hecho sánduche de huevo así que yo lo compartía con Diego, mientras los otros niños comían K chitos.
La fauna estaba casi completa, demasiado diría yo, sólo espero que si así llueve que no escampe.

Thursday, October 26, 2006

Tres estampas porteñas





José Joaquín, allá fuimos

Antes de la apertura del nuevo aeropuerto mucha gente llegaba para conocerlo. Mientras hacía fila para el tour pensaba en cuántos de ellos soñaban con irse, en cuántos jamás han salido de esta ciudad, y en cuántos no tienen ningún interés de moverse hacia ninguna parte.
Por dentro el aeropuerto se ve muy bien, pero casi no hay diferencias con el antiguo que había quedado bastante cómodo, entonces, ¿para qué lo hicieron?
No pudimos tomar fotos al interior, tampoco hablar con los obreros que daban los toques finales. ¿Por qué un tour?...




Quiero mi muñeco

Los semáforos guayaquileños son la oportunidad para mandar mensajes por celular, comprar tarjetas prepago, perder la paciencia con los limpiadores de parabrisas a los que si no les paras bola te van insultando, apreciar a los niños mendigos y más, más, más. Ayer los ambulantes andaban exhibiendo unos muñecazos de Superman que me llamaron la atención.
El tipo que los vendía me preguntó que en dónde iba a salir esa foto y él mismo se respondió: “¡ En el Super!” . Yo, que le quise responder, aplasté el acelerador porque había cambiado la luz a verde.



¿Te gusta mi foto?

A veces la prensa llega a los lugares no esperados. No quepa la menor duda. El día en que en el MAAC cine proyectaban el documental Puente Llaguno (No sé si es con Y), sobre las revueltas populares en Caracas, Humberto Mata hizo un foro acompañado de Carlos Jijón de Teleamazonas. Si no hubiera estado Mata en el foro no creo que El Universo habría mandado su fotógrafo para cubrir un evento cultural, ¿O sí? ¿Qué opinan ustedes?

Tuesday, October 24, 2006

Ojos de perro azul


Hoy recibí una invitación para una pre apertura de un bar. Es en la Zona Rosa. El arte era muy bacán, pero soy víctima de la tecnología y no lo pude subir. El lugar se llama Ojos de perro azul y como sé de quién es estoy casi segura de que será un bar literario. ¿será? La cita es el jueves por la noche en Panamá y Padre Aguirre. Esta extraña te desea la mejor de las suertes...

Saturday, October 21, 2006

La casa verde


Como empieza el calor de la noche guayaquileña, todo hierve. Desde las calles hasta los cuerpos y como en Guayaquil los hijos siguen viviendo con sus padres, los amantes siguen frecuentándose a pesar de que sea viernes, y casi nadie es dueño de una casa o departamento, -a pesar de todos los proyectos habitacionales que están en auge-, no queda más que buscar un sórdido motel, como en ese bolerazo que de vez en cuando alguna de nuestras cantantes se digna a interpretar.
Resulta que no todos los moteles son sórdidos; algunos hasta parecen hoteles y lo más interesante es que si no se tiene un carro y las ganas son irresistibles tienes que entrar caminando y si está lleno, saludarte con los otros usuarios urgidos de una habitación como tú.
Mi historia empieza en Samoa, un bar con una música para el ¨remember¨, como dicen algunas personas. Como nunca, llego tarde, y a pesar de que Paulo (nombre ficticio con el que nombraré al implicado) ya se ha tomado dos cervezas, siento esta incomodidad de que he venido porque quiero hacer lo que no puedo decir que quiero hacer. Él y yo lo sabemos y no hay peligros ni riesgos. ¿Deseo? Quien sabe. Supongo que sí, en una suposición que, como de costumbre, es totalmente unidireccional. Parte de mí y no me interesa la contraparte, sobre todo en estos menesteres. Para qué decir más. Ahora recién tienen sentido tantas explicaciones e historias que he escuchado como una que recuerdo mucho: ¨...Entonces venimos a lo que venimos y eso es todo¨. ¿Todo?. Sí, ...todo. Así mismo es.

La pregunta técnica es: ¨¿Y cómo nos vamos? Hay un cierto pudor de lo íntimo que se viola si vas a un motel, porque mínimo el que abre la puerta te ve, así que después de un tire y jala subimos a un taxi y aquí empieza mi paranoia. Paulo le pregunta al taxista que cuál es el motel más cercano y él contesta que detrás de La Rotonda hay uno, así que allá nos vamos, pero cuando llegamos no hay lugar, está lleno y mi Paulo prefiere bajarse en la puerta y esperar por la habitación en una sala de luces verdes, toda vidrificada en donde literalmente veíamos quién entraba y ellos también nos veían. En el centro de la sala había un billar así que como el que espera desespera, decidimos jugar. Todo es parte del juego, así que no mostré mis pobres, pero existentes aptitudes para los billares.
En media hora de espera más de 20 parejas llegaron y tuvieron que irse o hacer lo mismo que nosotros. Dos hombre, dos mujeres, un hombre mayor y una mujer muy joven, una mujer mayor y un hombre joven, dos casi niños, en fin, toda la gama de seres en busca del placer posible. De repente llegó nuestro turno, y zas, me topé con la manzanita Extasis en el garaje y unas letras horrendas que me recordaban dónde estaba y que iba a lo que iba y no quería decir. Hubo silencios y por supuesto, acciones, caricias, besos, pellizcones, susurros. Epa.. ¡ No se olviden que están leyendo una historia de ficción! No crean todo lo que les digo, pero más o menos la historia iba así como les estoy contando. Todo esto ocurría antes de entrar en la habitación, en el oscuro garaje sin carro que era todo nuestro.

Ayer sufría yo de una extraña timidez, estaba torpe y totalmente insegura de lo que quería, pero en términos generales, al pan pan y al vino vino. Así que además del televisor prendido con las películas porno en donde las contorsionistas de mi género se gastan la voz con sonidos, a veces, irrisorios, y el jabón en forma de manzanita, tan francés que no limpia, todo estuvo, diría yo aceptable. Me falto robar el jabón, y la verdad tuve el impulso, pero decidí ser honrada en el motel.
Tengo esta angustia de la conversación que me persigue. ¿Qué mierda voy a decir una vez que ya todo ha terminado? ¿Y si no tengo temas de conversación? Porque déjenme decirles que esa es mi especialidad. Hasta podría ser espía en serio, pero no, sólo funciona con algunos personajes. El cuerpo, totalmente satisfecho, me decía, cállate, no la cagues, no digas nada, que no tienes nada qué decir, que nada es lo que pasa, que no puede pasar nada.
Y nos vestimos y nos fuimos.

Thursday, October 19, 2006

Existe, muy pero muy cerca


De casualidad la temporada de playa pasada di con este sitio. Esas dos sillas esperan por los cuerpos de quienes encuentren el lugar. Puedo dar una pista. La luna que es cuna, o la luna cuna está vigilante todo el tiempo.
A veces ciertas imágenes son proféticas. Cuando tomé la foto no pensé que me haría tanto sentido. Que cada cuál vea lo que quiera en estas dos sillas, que se siente, que los sienten, que miren el mar. Las dos sillas vacías sugieren una conversación y a veces eso da miedo. Las dos sillas vacías quieren decir lo que nunca se dijeron quienes las ocupan, las ocuparon o las ocuparán. Este lugar sí existe.

Monday, October 16, 2006

Emplastifique, emplastifique


El calor me altera, y ayer cuando fui a votar tal vez llegábamos a los 40 grados. Yo voto en la Tarqui , aunque estoy empadronada en Balzar, en donde he sido presidenta de la JRV desde que me acuerdo. No soy balzareña, soy guayaca. Mi hermano está empadronado y yo nunca he votado, por nadie. Creo que es lo mejor que me ha podido ocurrir, aunque de vez en cuando me entra una sensación de traidora de la patria que me hace ir al TSE para cambiar mi domicilio, pero ni después de eso acomodan los padrones.
Entonces a veces voto en la Tarqui o a veces también me voy a la parroquia Nueve de Octubre donde ya todo la gente se ha muerto o son viejos. Ahí digo que mi domicilio es Luque y Mascote, frente a la piscina Olimpica. En esa casa nací. Era el barrio de mis padres cuando recién se casaron y ahora yo, de vez en cuando, me apropio de ese domicilio para resolver un problema que no es mío. Me niego a que sea mío.
Ayer, me fui a la Tarqui como tratándome de entrar en la verdad, o sea, si mi hermano vota ahí, yo también tendría que estar empadronada ahí.
Iba concentrada en encontrar mi mesa cuando escuche: Ëmplastifique, emplastifique, a 25 centavos!, así que me detuve para ver cómo Blas Flores hacía su trabajo y su billete. Así que sometí a mi gemelo a la emplastificación de su certificado de votación. Yo me muero por tener en mis manos uno, no saben cuánto... En un momento le dije a Don Blas que no era emplastificar sino plastificar y me dijo: ¨Bueno, pues, plastifique, plastifique¨. Yo le tomé dos fotos. Creo que mañana las pego porque lo que es hoy todavía tengo la fecha de ayer, es decir, para mí sigue siendo domingo electoral.

Saturday, October 14, 2006

Y la lluvia caerá

Ya no somos dos, pero ha quedado una sola extraña que sigue caminando en el puerto. Entiéndase camino como juego o confusión. Al final da lo mismo, sobre todo si cae lluvia ácida en Guayaquil.