Tuesday, December 26, 2006

Al fuego





María Marcillo hace caretas con retazos de diario El Universo. Ella y toda su familia se dedican a este negocio de tradición que los mantiene durante tres meses, luego vuelve a sus habituales actividades de lavandera o cocinera y así todos los años.
En toda la calle Seis de marzo del sur de Guayaquil los podemos ver, también a los nuevos muñecos que han reemplazado a los antiguos años viejos de acerrín. María Marcillo se relaja y piensa en la plata, en si todos los meses fuera 31 de diciembre.





Así van quedando. Hacer caretas puede tardar tres días porque hay que esperar que se sequen. María Marcillo prefiere usar almidón y dejar secar al sol. En esta época cualquier lluviecita puede costar caro, así que las coloca debajo de un techo de zinc. Así las caretas parecen cementerios de cal.



Y pensar que después de esto ya se las puede quemar. Hacerlas, secarlas, pintarlas para que ardan. Nacen para morir igualito que los seres humanos, ¿será por eso que mientras las fotografiaba me decían cosas, me contaban sus historias, sus llantos?

Monday, December 18, 2006

Raro fatal

Los encuentros son interesantes, no importa si estamos huyendo o queremos afrontar las situaciones. Mi encuentro de ayer me mostró que se puede restituir el orden perdido, los diálogos, las amistades.
Hace mucho tiempo tuve un amigo, pero creo que la distancia nos separó. De esta amistad recuerdo mucho los diálogos, algo tan difícil de lograr y de mantener. Cuando pienso en este tema me miro y miro a otras mujeres porque yo creo que los diálogos y las relaciones para nosotras tienen que tener continuidad, y ya sé que estoy generalizando, pero sinceramente lo discontinuo puede llegar a ser perturbador, es como si tuviéramos la necesidad de ir tejiendo una gran colcha de retazos para darle sentido a las cosas, estamos siempre armando, cuidando, complaciendo, en fin, todas estas cosas que me hacen poner de mal genio porque no puedo escapar de ellas, aunque intento.
Pero bueno, decía que tuve este encuentro con un amigo que me hará un enorme favor, y que además me apoya con mis planes más que nadie. Yo que andaba dispersa pensando estupideces que no valen la pena, y gastando mi tiempo en la cotidianidad, adoré sentarme a conversar sobre lo que sí tengo que hacer y que he postergado.
Después de una hora de espera en una librería que aproveché para fisgonear libros por fin llegó y hablamos y hablamos y de repente muchas cosas tomaron sentido. La primera es que el diálogo tiene un papel fascinante en mi vida. Mis amistades y mis antiguas relaciones se han fundamentado en él. Luego, que no puede haber autoengaño, he elegido que el diálogo siga rigiendo mi vida. No más interpretaciones, solo lo dicho...
Luego viene toda esta conversación sobre las relaciones y sus nudos y luego esta revelación que llega a la conclusión es que nadie escoge a nadie, y que si se pudiera el mundo sería irreal.
Él menciona esta unión rara fatal que lo une a ciertas mujeres, por alguna razón, el sexo puede verse como una perdición y las relaciones como algo siniestro. Me gusta la palabra siniestro, y me repito eso de raro fatal y nos reímos muchísimo por lo cursi y por lo cierto.
Habrá continuación

Thursday, December 14, 2006

Allí donde la vestimenta se abre

"El texto que usted escribe debe probarme que me desea. Esa prueba existe: es la escritura. La escritura es esto: la ciencia de los goces del lengüaje, su kamasutra (de esta ciencia no hay más que un tratado: la escritura misma)".
Pues no tengo mucho qué decir ni qué decirme, sólo que gracias a que ya tengo saldo otra vez, ocurrió. Mañana lo de la noche será historia, pero mientras, es una invitación para salir del aburrimiento y de la rutina. Una verdadera invitación que esta vez no rechazaré. Por la noche y porque prometo lo que cumplo, casi siempre.
"El placer del texto es similar a ese instante insostenible, imposible puramente novelesco que el libertino gusta al término de una ardua maquinación haciendo cortar la cuerda que lo tiene suspendido en el momento mismo del goce".

Sunday, December 10, 2006

A dos velas


En mi casa mandamos a lavar la ropa fuera y me quedé sin sábanas limpias; el resultado fue una pésima noche a colchón pelado, con un poco de frío y muy mala respiración porque la gripe me dura mucho más por ser alérgica y casi asmática.
Sábado, mediodía. Hipermarket de la avenida Francisco de Orellana. Lo odié por enorme, desordenado, abarrotado de personas que se chocaban unas a otras sin decir una palabra. El ruido de la multitud es apabullante en la ciudad; no importa si estás en el centro o en un centro comercial.

Retroceder un día. Es viernes y quiero tomar muchos vodkas, pero en grupo. Esto de querer tomar unos tragos no es muy usual, pero cuando aparece el deseo nada mejor que saciarlo. El problema es que no quería tomármelos sola. El pequeño límite estuvo en el cansancio; sí, cansancio de pensar mucho, de otra vez romper y luego empezar otra vez, y ahí, justo cuando estaba en estas meditaciones, me agoté.
¿Qué hace una mujer que cree que quiere estar con alguien que le da toda la impresión de que en realidad no quiere estar con una? ¿Cierra el capítulo, o sigue y sigue igual que el agua del río, sin llegar a ninguna parte? ¿Qué es una parte? ¿A dónde quiere llegar? ¿O será mejor hacer lo que a una le plazca y si todo es satisfactorio para una simplemente estar? No, no, no. Tres veces un no es como un sí.

Volver al futuro. La llamada llega el sábado al caer la tarde. Dos velas se presenta en la plataforma del MAAC y ahí estoy junto al público peso pesado de Guayaquil. Habría que hacer un documental del comportamiento de ciertos grupos sociales y ver cómo reaccionan a los estímulos del arte y de los espectáculo culturales, en general. Los tres rumberos de Jerez de la Frontera aupando al público para que se pare, para que cante, para que baile y nada. Eso sí, un poco más de whisky y con la última canción, Con la gente que me gusta las mujeres estaban casi en el escenario de los españoles que luego se iban a Dadá a rematar la noche. Yo estuve sentada en una mesa esquinera y si quiera vi unas 10 rubias tan, pero tan parecidas, que no sabía si era el efecto multiplicador de los tragos o la falta de identidad o precisamente la identidad de los guayaquileños clase alta. Y podría seguir con la ropa, todas las mujeres vestidas iguales, con los mismos colores, el mismo estilo. Son los que pagaron 35 dólares para ver a Dos Velas.

A Dos velas. por fin conozco a la chica chico en La Taberna. Esta historia tiene episodios que empiezan en el blog de una conocida. La cuestión es que el aburrimiento lleva a muchos lugares y a veces, cuando se llega a ciertos sitios es difícil volver. Siempre es difícil volver; el pasado pesa demasiado o a veces recordamos que nos sentimos tan bien, tan agradables que lo preferimos a este estar en un presente anodino. He llegado a la conclusión de que el cariño es muy deseable; lo digo porque en algún momento era una mujer-placer anti demostraciones de afecto. Hoy me complacen aunque vivo mi propio patín.

Baño de la Taberna. no estoy muy segura de lo que pasa en este bebedero, pero sí de lo que ocurrió en el baño. Al principio disfruto mucho de la idea de dar rienda suelta a todo, pero cuando la noche termina y veo el estado en que ha quedado mi amiga, por unos instantes, me aterro de la descolocación, del descentramiento. Primero pienso en mi amiga que ha entrado en pánico, cuando se ha recuperado un poco terminamos la noche en Ojos de perro azul, en la barra, con humus, una cola de dieta y una cerveza. Tomamos un taxi y yo llego a mi colchón de a Dos velas y pienso en la chica chico, un poco abatida porque no se da cuenta de que todo fue un juego. Pienso en sus ojos negros mirando extasiada algo que no es real. Siento chuchaqui moral por cómplice y encubridora,y aún no ha amanecido. El calor del invierno se deja sentir, así que la ropa no es necesaria; la piel se pega al colchón y siento, siento mucho. He hecho una digresión, hubo mucho más.

Sunday, December 03, 2006

Vagando por las calles

Guayaquil es una ciudad para vagar, pero cuando no hay sol. Ayer hubo sol, ayer no pude vagar, entiéndase esto como caminar por las calles del centro y ver. ¿Cambia nuestra mirada de ver si vamos solas o acompañadas? Sí, cambia demasiado, por ejemplo, ayer me di cuenta de que me gusta vagar sola.
Hay una afición en esta ciudad por “engalanar balcones” con lucecitas diminutas, yo creo que desde que El Universo hacía los concursos de los balcones engalanados; concurso que ganaba el que más foquitos tenía, es decir, que era un premio a la abundancia, como para contrarrestar la pobreza real, que en algunos casos, vivía la familia triunfadora, y no sólo ellos sino también la ciudad, casi totalmente.
Aunque yo hable desde un ayer que era día y no de la noche, se me vino todo este lucerío a la memoria, la más traidora de las amigas, y finalmente la única que importa.
Un caldo de salchichas en Aquí es Yulán puede ser el mejor bálsamo para una borrachera, mientras cucharada a cucharada disfrutaba del líquido caliente, la oscuridad de sus aguas me parecieron un caldero que me devolvió mi imagen trasnochada. Antes de llegar a Yulán caminé por la Piscina Olímpica y el olor a orine era abrumador. Ya se me había olvidado este olor tan característico de Guayaquil. Guayaquil, sigues oliendo a orine.

Buscar una película en puestos piratas de la pirata Bahía se me está haciendo clásico; quiéralo o no, el hallazgo de un tesoro es un motivo eterno. Eso, y luego ver las películas en la tranquilidad de una casa ajena fueron lo mejor del día. El último tango en París me gustó más que cuando la ví por primera vez. El perfume empezó muy bien, pero se me hizo pesada, además, adoré ese libro y no me podía despegar de su ritmo; eso sí, las primeras escenas de El Perfume son fascinantes. ¿será que hay momentos que valen más que toda una historia? Ayer me pareció que sí.

La ciudad en sábado por la mañana estaba convulsionada por el mes, y empiezan mis padecimientos hasta que por fin se acaba el año. Mientras tomaba una botella con agua en una picantería de esquina cerca de la bahía pensé en la atención al cliente, en el aburrimiento, en la noche anterior y en las buenas conversaciones, en los celos de los amigos que seguramente no se dan cuenta de que los padecen, en el día de domingo que me recordaría que mañana es lunes, y en los pocos días que faltan para que lleguen los amigos perdidos por la distancia y en las conversaciones abiertas, sinceras en donde las cosas se dicen y no se guardan, en donde el afecto está asegurado porque se demuestra y se dice. Qué importante que es decir, que alivio se siente no tener que intuir, sino sólo corroborar que nuestra presencia se desea o es muy necesaria. Ayer sufrí de extrañamiento en el puerto. De ese extrañamiento que me recuerda quién soy.
En la picantería hubo una brisa que me trajo el olor del río y pensé en la muerte. Cuando llegó la cuenta desperté de mi ensoñación de sábado por la mañana y tuve la necesidad de llegar a casa, a mi ex cama, a mi ex casa, pero eso ya no existe.
¿Qué existe? Parece que nada de lo que no sea yo existe. Sólo soy yo en la más intensa de las soledades. Una vez más me repito, en la más intensa de las soledades viviendo mi película muda. He sido un accesorio, soy un accesorio. ¿siempre seré un accesesorio? Por eso digo Good night and good luck, ahora sí presencio mi propia muerte, una muerte simbólica y necesaria.

Monday, November 27, 2006

Dia de domingo

"Los soles se ocultan, y pueden aparecer de nuevo; pero cuando nuestra efímera luz se esconde la noche es para siempre, y el sueño, eterno". (Catulo)
Lunes, muy tranquila repaso mi día de domingo. De repente me acuerdo de esa canción brasilera, día de domingo, esa que dice, necesito respirar...
El domingo más temprano que siempre intento robarme el carro de la casa de mis padres para llevar a cabo mi plan: ir a votar con mis amigos y luego desayunar en el bolón de Tere, un súper tigrillo. Soy descubierta en el acto, mi padre tan madrugador como yo se ha levantado antes y planea irse a La Palma, con mi mamá, pero ella, desde que trabaja no tiene intenciones de despertarse temprano, darnos el desayuno o simplemente levantarse.
Él me cambia los planes momentáneamente, quiere hacer cambiar los planes de ella, a mi madre que intenta convencerlo de que me preste el carro. Al final me salgo con la mía y a las siete y media ya estoy manejando. Antes tuve carro, y recordé cuánto me gusta manejar; en el viaje que hice una vez con unos alumnos a Machala, nuestra llegada al parque petrificado de Puyango y luego el regreso aparente a Machala, eso sí, después de habernos cruzado la frontera. Una aventura para ellos y para mí, como protagonista de la historia. Tal vez los chicos se acuerden más de eso que de las clases, y si es así, me siento satisfecha.
Después de recoger a mis dos pasajeros llego al recinto electoral, a no ejercer el derecho al voto. He estado siempre empadronada en Balzar y no soy de allá, pero, ¿acaso soy de acá?, ¿será que el error en el padrón quiere ratificarme mi condición de extraña en el puerto? Cuando me acerco a la junta en que me tocaría votar la presidenta me reconoce, y dice, ¿pero si usted votó aquí en la primera vuelta? Y yo asiento y digo que son cosas que ocurren, porque quiero tener el bendito certificado. En realidad me muero de ganas de robarme las papeletas electorales, o tal vez de robarme solamente una para tener de recuerdo.
Me dan el papelito y lo guardo en la billetera; nos vamos y tenemos que subir el paso de peatones que está al pie del colegio y el olor es tan desagradable, tan de desagüe, de baño público, que me transporto a las épocas en que todo Guayaquil era un baño público de hombres, porque las mujeres no tenemos la facilidad de vaciarnos así de fácil.
La oferta comestible varió ayer, se hizo mexicana, típica de la sierra y de la costa. Un tendido tenía calzones, y se me pasó por la cabeza comprarme uno, pero el calor y la prisa por llegar al bolón o al tigrillo fue más fuerte. Me acordé de un ex profesor que decía que para él cualquier comida era un largo periplo hacia el postre; definitivamente era un fanático de los dulces, así como yo soy una fanática de la sal. Una vez en el bolón de Tere di rienda suelta a mi deseo, y luego, cuando llegué a mi casa, me sumergí en un sopor producto del empacho gastronómico y electoral. Soñé que un avión de LAN se caía en la ciudad, y yo veía el siniestro desde la ventanilla de otro avión que sí volaba; soñé también que Alvarito ganaba, y ascendía a los cielos ataviado con los trapitos del Divino Niño, y su esposa se convertía en la única e irremplazable presidenta del Ecuador. Cuando me desperté seguía un poco desubicada, como de costumbre y prendí el televisor para esperar que mi sueño fuera una pesadilla, al menos parcial.
Hoy que escucho los comentarios del triunfo de Correa y la esperanza perdida que parece haber renacido para algunas personas, espero también que esa esperanza me de una bofetada para que crea más, para que sueñe más. Pero estoy en Guayaquil, y esta ciudad no permite muchos sueños, por más identidades que una se invente.

Thursday, November 23, 2006

La sopita


Hoy tenía que postear mis excesos y la sopita no podía faltar; es mi clásico líquido. No puedo decir que la prefiera a un caldo de salchichas o al de bolas de verde, pero cada vez que me he tomado la sopita de papa de Tony Romas ha sido en medio de una conversación reveladora. Tal vez lo más importante es coincidir en ciertos gustos, y todavía me cuesta creer que esta sopita me une a Lu Ber, o la Cantante, o a mi Gemelo. Tres personas distintas. Cuando me acuerdo de ellos pienso que tenemos una cosa visiblemente común: nos encanta la comida. ¿Y compartir la sopita? Pues eso es lo mejor. ¿Les apetece?

Sunday, November 19, 2006

Colada

Hace años que no escuchaba la palabra colada y es porque nunca fui colada y me molestaba que otras personas lo fueran. Así que cuando mi amiga me llamó ayer porque otro amigo nos recogería para ir a una parrillada no sabía que llegaría a la casa de una conocida estrella del Rock de la ciudad. Acepté porque pensé que se trataba de una reunión grande en donde pasaría inadvertida mi coladés, pero no, la reunión era íntima, me revelaron los pocos que estaban ahí, después del calor y la confianza de las cervezas.
El mejor momento de la noche: el rockero y una cantante en vivo, improvisando, en un pequeño patio de La Alborada; me parece un misterio el don de la música, creada o interpretada sin previo aviso.
La mejor anécdota contada: la del rockero que abrió el concierto de Molotov y que después de que el público coreara sus canciones fue sacado del escenario por la gente de los Molotov para que, por fin, cantara el grupo mejicano, y luego la cabreadez del cantante ecuatoriano que putió a los Molotov por haber sido tan descorteses, y que después del concierto se dio cuenta de que uno de sus íntimos amigos había robado una guitarra de colección del grupo mexicano, que valía oro.
Tranquilidad, no vayan a pensar que los músicos son ladrones, era una pequeña jugada para demostrar que no porque fueran Molotov podían portarse tan insolentes como siempre. La angustia que deben haber sentido los mejicanos debe haber sido insoportable. Finalmente, la guitarra fue devuelta con una notita que decía: “Para que ya no sean tan hijos de puta”.
La música de fondo, los Gotan project y su revancha del tango; ya eran las 5 y media de la mañana.

Tuesday, November 14, 2006

Llueve sobre mojado



"Y al final sale un sol incapaz de curar las heridas de la ciudad".

Tres de la madrugada con los ojos abiertos como platos en la oscuridad de mi habitación no tan oscura, pensando que pienso que estoy despierta a las tres de la madrugada sin escuchar más ruidos que el de algún gato aventurero que corteja a una gata o a un ratón; no importa cuál sea la especie, todos van por lo mismo o casi lo mismo. Supongo que para los que han vivido con alguién es más fácil darse una vuelta y rozar el cuerpo tibio de la otra persona, pero si estás sóla en tu habitación te enredas en las sábanas, un poco ásperas, y te das cuenta de que no las has llevado a la lavandería desde hace 20 días y si miras más allá y la oscuridad te lo permite puedes ver polilla debajo de la puerta. El celular está en el piso, quieres mandar un mensajito, aunque sea uno sólo y cuando crees que sabes a quién se lo vas a mandar te das cuenta de que puede que mejor sea no envairlo, asi que mejor no lo envías, si finalmente lo que buscas te lo puedes dar tu mismo, o casi.

A las cinco de la madrugada logro dormir un poco, pero lo único que duerme es el cuerpo porque todo sigue dando vueltas y vueltas hasta que ya no puedo resistir el colchón sobre el piso, mi cuerpo enredado en las sábanas, la almohada maldita que es demasiado delgada, y me doy cuenta de que no es ahí donde quiero dormir. Escucho música, nace de mí misma, es la canción de Chico Buarque, Oh qué será, pero en salsa, asi que pienso que bailo a las cinco de la madrugada, antes del amanecer con un fantasma, tan real que he podido sentir su olor, y me despierto un poco confusa todavía, y escuchando a Fito y a Sabina esta vez , justo cuando dicen bla bla bla bla suenos equivocados... cuando se acuestan la razón y el deseo llueve sobre mojado...cosas de enamorados... colorín colorado".

Tuesday, November 07, 2006

Arbolesenlanoche


Un poco de reciclaje no viene mal, así que busco imágenes de otro tiempo y me encuentro gratamente con esta de los árboles en la noche que grabé como arbolesenlanoche, por falta de originalidad y pereza dáctil, ya que me paso muchas veces pegada a estas teclillas infames y rebeldes que se niegan a obedecerme por más que las presiono con fuerza.
Creo que yo no tomé esta foto, pero es como si la hubiera tomado porque todo se ve tan de cabeza, invertido y verde. La nocturnidad es un motivo inevitable, trillado y recurrente. Así es y me gusta que así sea.
Arbolesenlanoche tiene que ver con una conversación en un parque cerca del estero, mirando a una pareja sentada en un banquito.
Las noches guayaquileñas se están volviendo calurosas, pero en el momento de arbolesenlanoche el clima estaba perfecto. Ni muy frío ni muy caliente, aunque confieso que no me gustan estas definiciones, aunque diga que sí, aunque intente que sea así, un poco para ser ordenada y hacer que el cuerpo me obedezca. A veces creo que me gusta reprimir el cuerpo porque me provoca placer la dominación. Pero todo es un juego, un juego en el que creo que me gusta reprimir el cuerpo para sentir un poco ese placer del mando que es irreal en mi vida real.
Arbolesenlanoche es la imagen premonitoria del descalabro, de un vacío en el que no se distingue nada más que esas hojas verdes en movimiento, durante los segundos que duró hacer la toma, y una voz ya lejana que va despareciendo despacio, sin prisa.
Arbolesenlanoche.

Monday, November 06, 2006

La fiesta continua


La Taberna, un día antes de Halloween. Cumpleaños de la cantante. Llegaron algunos y nos divertimos, como habíamos prometido. Lo mejor de la noche es que todos tenían dentro el espíritu de bailarines de streptease. Las fotos lo dicen todo. En el recuerdo quedarán las botitas de Madame Bovary. Y en el cuerpo los estragos de la cerveza bien helada, y algunas marcas que permanecerán, por lo menos hasta que se acaba este maldito año. Creo que este 31 correré nuevamente como una loca despavorida alrededor de la cuadra con una maleta o una mochila, para ver si me vuelve a resultar la cábala, por lo demás, que se consuma bien, que se haga cenizas y que se me olvide que existió el 2006.
La fiesta se terminó a las 12 cuando una guardia municipal se paró en la puerta con cara pícara. La invitamos a pasar, pero ella no quiso, eso sí, dejó claro que hubiera querido entrar. Como siempre huí en mi taxi amigo, antes de que se rompiera el hechizo que me enseñaría que montaba una super calabaza, con ratoncitos y todo.
¿Qué más se puede pedir en un cumpleaños? No lo sé. Los míos siempre son acontecidos, como digo yo; por ahí desfilan personas inconvenientes a todos y muy convenientes para mí, se mezclan todos y parece que la pasan bien. Por dentro yo sufro porque no quisiera que se sintieran mal, pero es inevitable. Como prometí, me divertí a mi manera, por supuesto. El próximo año todo será diferente, todo, todo, no importa qué tenga que hacer. Y no crean que siempre me prometo lo mismo. Esta es la primera vez.

Monday, October 30, 2006

Guayaquil en la historia


Mi verdadero propósito era ir al Imax, pero decidí ver el nuevo museo que se inauguró la semana pasada. En la boletería no había cambio, pero solucionaron rápido el inconveniente, así que esperé 20 minutos para poder hacer el recorrido.
Antes de entrar me dicen que no puedo tomar fotos, y también que antes de ver las instalaciones tenemos que escuchar las palabras del Alcalde. Eso ya no me gustó mucho, y la verdad no porque me caiga mal el bigotudo si no que me sentí en la China comunista o en Cuba, o como me imagino yo que debe ser en esos países, cada vez que se abre un museo y hay que darle las gracias a la autoridad o a quien sea, de una manera bien propagandera. Ya estaba allí, así que como diría un amigo lumpesco –un poco abandonado por estos días, aunque prometo revertir la situación- , me la tuve que mamar y escuché lo que ya se imaginan, que el museo ha sido hecho para nuestro orgullo y blablabla.

Cuando se acabó el discurso el guía dijo que el proyecto había sido dirigido por el mismo tipo que hizo la iguana de Aventura Plaza, y que además había trabajado en Los piratas del Caribe, supongo yo, haciendo las mismas maquetas que vi.
Ahora sí que tenemos un museo tipo Disneyworld, porque es bien gringa la manera de presentar todo, las maquetas son perfectas, porque no hay otra palabra para describirlas, todos los recursos posibles han sido utilizados, y sobre todo, la musicalización es estupenda, independientemente de que me haya gustado a mí o no. Tengo que decirles que el extasis me llegó cuando escuché El himno a Guayaquil en estilo opera rock, o tal vez como si fuera un musical de Broadway. Como las asociaciones son inevitables se me venían a la mente los lunes cívicos del colegio cuando ponían el himno y me cabeceaba del sueño.

Ocurrió que me tocó un grupo inquieto; tres niñós, los padres, una anciana, una joven y un hombre, digamos maduro. Como podrán imaginar los niños accionaban el botón amarillo para que la voz en off nos narrara el episodio histórico, pero ni bien íba la mitad de la historia cuando los pelados ya se habían pasado a otra estación. La anciana no podía terminar de escuchar, así que el grupo se dividió. Yo, como deducirán me fui con los niños, porque estaba más interesada en ver los muñequitos, que los había de piratas, españoles, damas con trajes antiguos, próceres, nativos, en fin de todo. Hacia la mitad me salí porque no tuve paciencia. Algo pasa con mi paciencia, no sé si para bien o para mal. Eso sí, me sentí, tan pero tan guayaquileña, que me amé mucho, algo que me hacía mucha falta. No puedo dar una versión de este nuevo museo, sólo puedo decir que he perdido la objetividad, o lo que me quedaba de ella. Al salir, unas chicas me preguntaron qué tal era el museo y yo dije: “Hermoso”.

Friday, October 27, 2006

Ojos de perro azul. volumen 1



Yo puntual llegué al bar de Rubén y Liliana, así que puedo dar testimonio del antes y del durante. Lo que pasó después, cuando ya todos se tomaron los tragos, eso no puedo contarlo porque, siguiendo mi tradición de irme antes de las 12h00 de la noche, partí en mi carroza que todavía no se había convertido en calabaza.
En las paredes de Ojos de perro azul hay unos murales de una selva no tan exótica, más bien dispersa que hace juego con las lámparas de bambú que también están decoradas tribalmente. A ratos me parecía estar en Montaña, pero no, estaba en Panamá y Padre Aguirre, a una cuadra de Vulcano y de La Zurda.
Creo que el éxito de los bares depende de sus personajes, y Ojos de perro azul no es la excepción; ahí estaba gente que no he visto en años, muchos músicos, como Segovita, por ejemplo que ha resultado ser hermano de Rubén Segovia, uno de los dueños del bar. Con él, o por él debería decir que apareció Napolitano con una mujer enmascarada, por ahí pude ver también a uno que otro pintor; el legendario Mendoza que se apareció un ratito y más allá a Allan Jeffs. Los bailarines y los teatreros también estaban, por ahí bailaba Valeria Guerrero con unos tacotes que la hacía ver como un edificio de diez pisos, y en la barra del bar el pelo rojo de María Fernanda Gutiérrez era de un fulgor imantado.

Hubo profesores del colegio Alemán, antiguos compañeros de trabajo de La Garcés, también los de literatura. Por ahí estuvo Mussó, como para hacer presencia y mostrar que todavía quedan unos cuantos dinosaurios de esta especie vivos y hasta los de la televisión y la radio aparecieron. Diego Rendón, hoy Radio City, estaba sentado en una mesa alta, y pude conversar con él. Nos conocemos desde que tenemos cuatro años, y cuando me dijo que justo, justo esa mañana había pensado en mí, volví a tener cuatro años y uniforme de kindergarden. Era la hora del lunch y mi mamá me había hecho sánduche de huevo así que yo lo compartía con Diego, mientras los otros niños comían K chitos.
La fauna estaba casi completa, demasiado diría yo, sólo espero que si así llueve que no escampe.

Thursday, October 26, 2006

Tres estampas porteñas





José Joaquín, allá fuimos

Antes de la apertura del nuevo aeropuerto mucha gente llegaba para conocerlo. Mientras hacía fila para el tour pensaba en cuántos de ellos soñaban con irse, en cuántos jamás han salido de esta ciudad, y en cuántos no tienen ningún interés de moverse hacia ninguna parte.
Por dentro el aeropuerto se ve muy bien, pero casi no hay diferencias con el antiguo que había quedado bastante cómodo, entonces, ¿para qué lo hicieron?
No pudimos tomar fotos al interior, tampoco hablar con los obreros que daban los toques finales. ¿Por qué un tour?...




Quiero mi muñeco

Los semáforos guayaquileños son la oportunidad para mandar mensajes por celular, comprar tarjetas prepago, perder la paciencia con los limpiadores de parabrisas a los que si no les paras bola te van insultando, apreciar a los niños mendigos y más, más, más. Ayer los ambulantes andaban exhibiendo unos muñecazos de Superman que me llamaron la atención.
El tipo que los vendía me preguntó que en dónde iba a salir esa foto y él mismo se respondió: “¡ En el Super!” . Yo, que le quise responder, aplasté el acelerador porque había cambiado la luz a verde.



¿Te gusta mi foto?

A veces la prensa llega a los lugares no esperados. No quepa la menor duda. El día en que en el MAAC cine proyectaban el documental Puente Llaguno (No sé si es con Y), sobre las revueltas populares en Caracas, Humberto Mata hizo un foro acompañado de Carlos Jijón de Teleamazonas. Si no hubiera estado Mata en el foro no creo que El Universo habría mandado su fotógrafo para cubrir un evento cultural, ¿O sí? ¿Qué opinan ustedes?

Tuesday, October 24, 2006

Ojos de perro azul


Hoy recibí una invitación para una pre apertura de un bar. Es en la Zona Rosa. El arte era muy bacán, pero soy víctima de la tecnología y no lo pude subir. El lugar se llama Ojos de perro azul y como sé de quién es estoy casi segura de que será un bar literario. ¿será? La cita es el jueves por la noche en Panamá y Padre Aguirre. Esta extraña te desea la mejor de las suertes...

Saturday, October 21, 2006

La casa verde


Como empieza el calor de la noche guayaquileña, todo hierve. Desde las calles hasta los cuerpos y como en Guayaquil los hijos siguen viviendo con sus padres, los amantes siguen frecuentándose a pesar de que sea viernes, y casi nadie es dueño de una casa o departamento, -a pesar de todos los proyectos habitacionales que están en auge-, no queda más que buscar un sórdido motel, como en ese bolerazo que de vez en cuando alguna de nuestras cantantes se digna a interpretar.
Resulta que no todos los moteles son sórdidos; algunos hasta parecen hoteles y lo más interesante es que si no se tiene un carro y las ganas son irresistibles tienes que entrar caminando y si está lleno, saludarte con los otros usuarios urgidos de una habitación como tú.
Mi historia empieza en Samoa, un bar con una música para el ¨remember¨, como dicen algunas personas. Como nunca, llego tarde, y a pesar de que Paulo (nombre ficticio con el que nombraré al implicado) ya se ha tomado dos cervezas, siento esta incomodidad de que he venido porque quiero hacer lo que no puedo decir que quiero hacer. Él y yo lo sabemos y no hay peligros ni riesgos. ¿Deseo? Quien sabe. Supongo que sí, en una suposición que, como de costumbre, es totalmente unidireccional. Parte de mí y no me interesa la contraparte, sobre todo en estos menesteres. Para qué decir más. Ahora recién tienen sentido tantas explicaciones e historias que he escuchado como una que recuerdo mucho: ¨...Entonces venimos a lo que venimos y eso es todo¨. ¿Todo?. Sí, ...todo. Así mismo es.

La pregunta técnica es: ¨¿Y cómo nos vamos? Hay un cierto pudor de lo íntimo que se viola si vas a un motel, porque mínimo el que abre la puerta te ve, así que después de un tire y jala subimos a un taxi y aquí empieza mi paranoia. Paulo le pregunta al taxista que cuál es el motel más cercano y él contesta que detrás de La Rotonda hay uno, así que allá nos vamos, pero cuando llegamos no hay lugar, está lleno y mi Paulo prefiere bajarse en la puerta y esperar por la habitación en una sala de luces verdes, toda vidrificada en donde literalmente veíamos quién entraba y ellos también nos veían. En el centro de la sala había un billar así que como el que espera desespera, decidimos jugar. Todo es parte del juego, así que no mostré mis pobres, pero existentes aptitudes para los billares.
En media hora de espera más de 20 parejas llegaron y tuvieron que irse o hacer lo mismo que nosotros. Dos hombre, dos mujeres, un hombre mayor y una mujer muy joven, una mujer mayor y un hombre joven, dos casi niños, en fin, toda la gama de seres en busca del placer posible. De repente llegó nuestro turno, y zas, me topé con la manzanita Extasis en el garaje y unas letras horrendas que me recordaban dónde estaba y que iba a lo que iba y no quería decir. Hubo silencios y por supuesto, acciones, caricias, besos, pellizcones, susurros. Epa.. ¡ No se olviden que están leyendo una historia de ficción! No crean todo lo que les digo, pero más o menos la historia iba así como les estoy contando. Todo esto ocurría antes de entrar en la habitación, en el oscuro garaje sin carro que era todo nuestro.

Ayer sufría yo de una extraña timidez, estaba torpe y totalmente insegura de lo que quería, pero en términos generales, al pan pan y al vino vino. Así que además del televisor prendido con las películas porno en donde las contorsionistas de mi género se gastan la voz con sonidos, a veces, irrisorios, y el jabón en forma de manzanita, tan francés que no limpia, todo estuvo, diría yo aceptable. Me falto robar el jabón, y la verdad tuve el impulso, pero decidí ser honrada en el motel.
Tengo esta angustia de la conversación que me persigue. ¿Qué mierda voy a decir una vez que ya todo ha terminado? ¿Y si no tengo temas de conversación? Porque déjenme decirles que esa es mi especialidad. Hasta podría ser espía en serio, pero no, sólo funciona con algunos personajes. El cuerpo, totalmente satisfecho, me decía, cállate, no la cagues, no digas nada, que no tienes nada qué decir, que nada es lo que pasa, que no puede pasar nada.
Y nos vestimos y nos fuimos.

Thursday, October 19, 2006

Existe, muy pero muy cerca


De casualidad la temporada de playa pasada di con este sitio. Esas dos sillas esperan por los cuerpos de quienes encuentren el lugar. Puedo dar una pista. La luna que es cuna, o la luna cuna está vigilante todo el tiempo.
A veces ciertas imágenes son proféticas. Cuando tomé la foto no pensé que me haría tanto sentido. Que cada cuál vea lo que quiera en estas dos sillas, que se siente, que los sienten, que miren el mar. Las dos sillas vacías sugieren una conversación y a veces eso da miedo. Las dos sillas vacías quieren decir lo que nunca se dijeron quienes las ocupan, las ocuparon o las ocuparán. Este lugar sí existe.

Monday, October 16, 2006

Emplastifique, emplastifique


El calor me altera, y ayer cuando fui a votar tal vez llegábamos a los 40 grados. Yo voto en la Tarqui , aunque estoy empadronada en Balzar, en donde he sido presidenta de la JRV desde que me acuerdo. No soy balzareña, soy guayaca. Mi hermano está empadronado y yo nunca he votado, por nadie. Creo que es lo mejor que me ha podido ocurrir, aunque de vez en cuando me entra una sensación de traidora de la patria que me hace ir al TSE para cambiar mi domicilio, pero ni después de eso acomodan los padrones.
Entonces a veces voto en la Tarqui o a veces también me voy a la parroquia Nueve de Octubre donde ya todo la gente se ha muerto o son viejos. Ahí digo que mi domicilio es Luque y Mascote, frente a la piscina Olimpica. En esa casa nací. Era el barrio de mis padres cuando recién se casaron y ahora yo, de vez en cuando, me apropio de ese domicilio para resolver un problema que no es mío. Me niego a que sea mío.
Ayer, me fui a la Tarqui como tratándome de entrar en la verdad, o sea, si mi hermano vota ahí, yo también tendría que estar empadronada ahí.
Iba concentrada en encontrar mi mesa cuando escuche: Ëmplastifique, emplastifique, a 25 centavos!, así que me detuve para ver cómo Blas Flores hacía su trabajo y su billete. Así que sometí a mi gemelo a la emplastificación de su certificado de votación. Yo me muero por tener en mis manos uno, no saben cuánto... En un momento le dije a Don Blas que no era emplastificar sino plastificar y me dijo: ¨Bueno, pues, plastifique, plastifique¨. Yo le tomé dos fotos. Creo que mañana las pego porque lo que es hoy todavía tengo la fecha de ayer, es decir, para mí sigue siendo domingo electoral.

Saturday, October 14, 2006

Y la lluvia caerá

Ya no somos dos, pero ha quedado una sola extraña que sigue caminando en el puerto. Entiéndase camino como juego o confusión. Al final da lo mismo, sobre todo si cae lluvia ácida en Guayaquil.